Coaching y cambio

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Por Antolín Velasco
Socio Director de Human Coaching

Si es que existe alguna verdad inmutable en el panorama de la gestión empresarial es que lo único que permanece es el cambio, más bien la necesidad del cambio.

No vamos a enfatizar a estas alturas sobre la necesidad que las empresas tienen de cambiar, de adaptarse a las circunstancias cambiantes de los mercados. Quizás la novedad sea el ritmo, la velocidad del cambio. Y es que esa velocidad ha aumentado y mucho. Los cambios antes eran más lentos, se veían venir, eran más previsibles.

Ahora no es así. Los cambios se presentan y se exigen a velocidades cada vez mayores. Son cambios impulsados por la tecnología, que hace los mercados más globales y el mundo más pequeño.

Las personas por naturaleza no nos adaptamos bien a los cambios. La adaptación nos cuesta. En general no nos gustan demasiado. Queremos un mundo previsible, en el que prime la seguridad y en el que las incertidumbres se queden reducidas a un entorno pequeño y gestionable.

Pero el mundo de los negocios no es así. Nuestra capacidad de gestionar los cambios es pequeña, porque la sociedad es muy compleja y no conocemos ni controlamos las palancas que lo mueven. Esa incapacidad nos produce angustia y cierto temor. No queda más remedio que hacer de la necesidad virtud y adaptarse.

En ese contexto, el coaching es un instrumento de una gran utilidad. Especialmente para los altos directivos, a los que les resulta difícil encontrar en la empresa una interlocución sincera y estimulante, que les haga reflexionar y que no se limite a decir “si señor” a lo que proponen. Es el complejo de soledad que tienen muchos altos directivos. No es fácil que en la empresa encuentren un interlocutor válido que les ayude a mejorar.

También es muy útil para un directivo de nivel medio o un profesional, que siente que debe afrontar un cambio en su carrera profesional y que no sabe como hacerlo.

La conversación con el Coach les ayuda a definir y clarificar los cambios que deben proponer, los caminos a explorar, las competencias a adquirir, los interlocutores que debe convencer, las relaciones que debe cultivar, los errores que otras veces ha cometido y debe tratar de evitar. Verbalizar los pensamientos tiene esa potencia. Las preguntas inteligentes ayudan a encontrar los caminos más intrincados.

El papel del coach es el de estimular, ampliar visión, sugerir alternativas, desvelar obstáculos apenas delineados, hacer aflorar las emociones, ofrecer herramientas para gestionarlas, trasponer en acciones todo lo que se debe hacer para abordar los cambios. En suma ayudar a las personas a afrontar los cambios.

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