Más allá de la homologaciones: Código deontológico de coaching
Por Fco. Javier Cantera
En este momento histórico la profesión de ser coach necesita de un sistema de autocontrol profesional que nos ayude a tener más prestigio. Una profesión se instala en las empresas si se instaura en el prestigio a través de las buenas prácticas y, en este momento de desarrollo exponencial del coaching podemos caer en el desprestigio, si los propios profesionales del coaching no apostamos fehacientemente por la autorregulación con un código deontológico ¿Porqué es necesario en el oficio de coach? Porqué tienen muchos puntos de vulnerabilidad como profesión que podemos resumir en:
1) Es una profesión multiacadémica, donde no hay un colegio profesional detrás y, por tanto, tiene una enorme riqueza de diversidad de aproximaciones teóricas, pero tiene la flaqueza de no tener una titulación universitaria específica para ser coach. Por tanto, está expuesta a las tensiones de los profesionales colegiados y socialmente tiene una mayor debilidad por la falta de corporativismo.
2) Es una profesión fruto de la experiencia más que de la obtención de una titulación específica. La formación es condición necesaria pero no suficiente (como en todas las titulaciones, pero además se agudiza más en una profesión tan influida por las canas y las calvas.
3) Es una profesión con pocas barreras de entradas. Como toda profesión novedosa acuden multitud de curricula que intentan visualizar un futuro profesional mejor, pero no siempre con la pasión profesional que desencadena una vocación más depurada por la historia. Hay que depurar a los profesionales no sólo por criterios de mercado sino también por procesos de desarrollo profesional.
4) Es una profesión "imberbe" que adolece de experiencias éxitosas en el mercado (por muchos que la queramos vender) y, por tanto, necesita del prestigio que dan los procedimientos rigurosos y que apuesten por una visión profesional para los usuarios de las sesiones de coaching.
5) Y, por último, es una profesión muy asociada al PERSONAL BRANDING, creó que su crecimiento viene por quitar "NOMINALISMOS" del coach e influir desde el prestigio que da la formación, la homologación y la autorregulación de un ámbito profesional tan disperso.
En fin, tenemos una profesión muy vulnerable y, por tanto, debemos hacerla crecer además del prestigio de la formación, con el prestigio de las homologaciones de las Asociaciones (largo debate) y con el prestigio que de la creación de un código deontológico que nos permita comunicar a las empresas nuestros criterios éticos y de buenas conductas profesionales.
Es el momento de apostar por la creación de un código deontológico del coaching que más allá de ser un código sea una constitución apoyada por los profesionales y que nos permita dar respuestas a acciones perniciosas que están apareciendo en el mercado, por ejemplo:
A. ¿Empresa de "coaching" que ofrece un proyecto de formación de coach "mintiendo" sobre sus emolumentos que podrán ganar posteriormente? Fijaros en el momento de paro actual que visión ética damos.
B. ¿Promesas y expectativas irreales dadas a los coachees sobre los beneficios "cuasimágicos" del coaching? Generando una enorme frustración y, por tanto, desdoro de nuestra imagen profesional.
C. ¿Denuncias por parte de coachees sobre el incumplimiento del coach en su contrato de servicios? Ya tenemos el primer caso de una denuncia en los juzgados al respecto.
D. ¿Demandas por parte de coachees de la información que un coach ha dado al Departamento de Recursos Humanos sobre sus intereses, expectativas y situación? Hay casos de desconfianza hacía el coach por esta situación.
Todos estos dilemas éticos están sobre la mesa en este momento. Creemos en la oportunidad de generar un debate y de plantear un código deontológico que dote de prestigio por nuestra capacidad de autorregularnos. A modo de reflexión, apunto los focos de reflexión que deberíamos considerar en un futuro código deontológico:
1) Foco de la venta engañosa del servicio. Tanto en las sesiones de formación del coach (hay verdaderas aberraciones éticas en el mercado actualmente) como en las sesiones de coaching. Hay que generar prestigio por la gestión adecuada de las expectativas en nuestros servicios profesionales.
2) Foco de la confidencialidad en el coachee. En el contrato original entre coach-coachee (requisito imprescindible), pero también a través de un acuerdo de gestión de la información personal durante el coaching. Hay una discusión pendiente con la inclusión de la información del Coaching y la Ley de Protección de Datose.
3) Foco de la información con la empresa cliente. En la mayoría de los casos de coaching profesional, te suele contratar la propia empresa y por tanto, necesitamos de una relación ética con el contrato de confidencialidad firmado con el coachee. El prestigio le ganamos por nuestra profesionalidad no por nuestro voluntarismo y aquiesciencia a los requerimientos empresariales (también hay casos flagrantes al respecto)
4) Foco de la finalización del proyecto. El coaching es un proceso que empieza, se desarrolla y se termina. El desapego es síntoma de nuestra profesionalidad. Somos unos profesionales orientados a la resolución de problemas no unos consejeros permanentes. Hay que establecer un proceso que dote de mayor profesionalidad al proceso de seguimiento del coaching.
Sobre estos focos podemos ir tejiendo un código deontológico, que sería interesante que fuese compartido por el mayor número de profesionales del coaching. No olvidemos que no se puede imponer ningún precepto sino se recoge la enorme diversidad de criterios profesionales. Por esta razón, propongo un WIKIPROYECTO donde se genere una experiencia virtual donde todos los coaches podemos ir vertiendo ideas al respecto. Sin prisas, pero sin pausa, la profesión necesita de un rigor ético además del rigor técnico para instaurarse como verdadera profesión. En el año 2003 cuando publiqué el libro "Mitos y realidades del Coaching" respondí a muchas preguntas que me decían que si el coaching era una moda, yo decía que tenía el fundamento humano y humanista para convertirse en una enorme herramienta de desarrollo personal y profesional, pero a la altura del 2011 me da miedo que las "malas praxis" generen un desencanto en nuestra profesión, bien porque hemos generado muchas expectativas, porque hayamos faltado a la confidencialidad o, simplemente, porque hayamos matado a la gallina de los huevos de oro. Ser coach es una gran profesión, y los que la amamos por su apoyo y servicio humano debemos luchar para fortalecerla con un sistema de autorregulación ético.
Y para concluir una reflexión de nuestro "coach alemán" John W. Goethe que en una ocasión dio la siguiente respuesta frente a un debate sobre la importancia de la filosofía en la educación: "Donde se pierde el interés, también se pierde la memoria". No debemos abandonarnos en pequeñas competiciones de clientes sino en ensalzar nuestra profesión desde la ética, para que el interés por el coaching sea consistente con sus potencialidades humanas. Y no olvidemos lo esencial lo esencial que es la ayuda acompañando a una persona en sus procesos de evolución profesional. Luego máximo interés en la ética para que no perdamos la base humana del coaching.
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